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Una máquina se estrella contra el lector

Por Carlos Henrickson

Julio Meza Díaz: La máquina del orgasmo infinito
Ediciones Emergencia Narrativa, 2023. 216 páginas.
$7.000
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La expectativa de lo inimaginable, antes del vertiginoso avance técnico moderno, constituía una experiencia que despertaba naturalmente la religiosidad, un contacto con lo trascendente que asistiera a dar las claves para acercarse a leer lo monstruoso, lo Otro en su alteridad más terrible. Caída la posibilidad de trascendencia, con el ser humano cada vez menos confiado ante la demostración de que su destino solo estaba en sus propias manos, la fantasía y la anticipación en literatura mostraría cada vez más lo grotesco (Gogol) y lo inhumano (Mary Shelley).

¿Hasta dónde se puede llegar en tratar de reflejar un escenario futuro en que lo humano se ha hecho ya definitivamente accesorio y la dependencia de la persona hacia necesidades manufacturadas por un sistema hiper-capitalista le hace tan solo un atributo, una pieza en el mercado de objetos? Me parece que la pesadilla que constituye La máquina del orgasmo infinito, de Julio Meza Díaz (nacido en Lima en 1981), se acerca bastante a un límite en que se haga posible comprender imaginativamente lo monstruoso. No hablo ahora solo de imaginar, sino de comprender imaginativamente: esto porque en el mundo que nos presenta Meza podemos identificar surgiendo a la luz el progreso de tendencias de las que ya somos testigos hoy, más que solo atestiguar hechos.

En el mundo altamente tecnificado, los personajes de Meza toman parte activa en la reproducción de su (post-)cultura: son técnicos, científicos, ejecutivos, influencers y, más a la sombra, trabajadores. No son marginales, sino personas altamente integradas en un mundo que parece no tener ya afuera. Pero esta integración ya no es garantía de normalidad, de calce. La vida social está ya constituida como por una gran fractura, en que el consumo es una pasión en sí misma, el sistema nervioso ya ha sido alterado para siempre en desmedro de cualquier integración del yo, por muy parcial que sea. Los relatos de Meza son extensas pesadillas en que la violencia verbal, física y sexual, es regla, y la mutación y la intervención sobre el cuerpo -en aras de un consumo más eficiente, y no necesariamente más placentero- son las normas.

Acaso tendríamos con esto la percepción de una tragedia; y es precisamente esto lo que Meza desea evitar. El sentido del humor es intencionadamente grosero hasta la molestia, y el manejo de un tempo acelerado de narración acentúa lo que podría llamar el desaliento del lector. Una tragedia nos llevaría a contraponer lo que vemos ante la posibilidad frustrada, aquello perdido o una verdad, que aún existiesen en nuestra mente; el modo de escritura de Meza nos presenta un mundo en que toda esperanza se ha perdido, sin afuera y sin después; y aún más, sin siquiera la memoria del antes. Por tanto, no es agradable, no puede ser agradable de leer.

Los cuatro relatos corresponden al mismo universo, pero tienen notorias diferencias de composición. Quizás el último, “Vargas Yosa”, sea el más interesante, en cuanto la proliferación de planos lo convierte en una suerte de collage que representa bien el exceso de consumo de experiencia del influencer heredero que lleva el nombre del título.

Corresponde anotar que el autor ha decidido una composición extremadamente suelta de los relatos: a ratos dan la impresión -especialmente cuando desea ofrecer clímax finales- de una escritura automática que no desea ni ha vuelto sobre sí misma. Esto lleva a fragmentos que podrían haber sido más contenidos (especialmente en el final de “Fredo”) y en que el exceso deja de ser productivo.

Una máquina que va de frente a estrellarse contra el lector y no a su encuentro, y por tanto necesita lectores atentos y de algún modo preparados para algo más cercano al dadaísmo o al teatro pánico que a cualquier tipo de optimismo científico.

Carlos Henrickson (Stgo, 1974). Escritor, traductor y ensayista.  Ha publicado An old Blues songbook (2006); Esplendor (2011), entre otros. Se especializa en traducir del ruso a autores y autoras como Lev Tolstoy, Marina Tzvtáyeva, Vladimir Mayakovsky, entre otros.           

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