La poeta Gabriela Mistral es considerada uno de los principales referentes de la literatura chilena e hispanoamericana del siglo XX; por su obra, obtuvo en 1945 el Premio Nobel de Literatura, que constituye el primer reconocimiento de la Academia Sueca a las letras latinoamericanas.
Nació el 7 de abril de 1889 en Vicuña, ciudad nortina situada en el Valle del Elqui, en la Región de Coquimbo. Fue bautizada como Lucila de María Godoy Alcayaga, según consta en los registros parroquiales de su ciudad natal. Su madre fue Petronila Alcayaga Rojas, modista de oficio, y su padre, Juan Jerónimo Godoy Villanueva, profesor (Ocampo, Javier. “Gabriela Mistral. La maestra de escuela, Premio Nobel de Literatura”. Revista Historia de la Educación Latinoamericana. Número 4, 2002, p. 2).
En sus años de formación, la influencia de su hermana materna, la profesora Emelina Molina, contribuyó en su decisión de dedicarse a la enseñanza. Hacia 1905, cuando iba a cumplir 16 años, inició su carrera docente como ayudante en la Escuela de La Compañía Baja: “Por esos años todavía escaseaban los maestros con título. (…) Una tía de Emelina se movió activamente en La Serena, logró interesar al inspector escolar, don Valentín Villalobos, y obtuvo una designación para la escuela de La Compañía Baja” (Samatán, Marta Elena. Gabriela Mistral: campesina del Valle de Elqui. Buenos Aires: Instituto Amigos del Libro Argentino, 1969, p. 111).
Según Julio Saavedra Molina (1880-1949), Mistral se desempeñó también como maestra en la localidad de La Cantera hasta 1907 y, en 1910, se trasladó a Santiago en donde -tras aprobar los exámenes especiales en la Escuela Normal de Preceptoras– “regularizó su magisterio” (Saavedra Molina, Julio. “Gabriela Mistral: su vida y su obra” Anales de la Universidad de Chile. Año 104. Número 63-64, julio-diciembre, 1946, p. 26-27). Esta situación derivó de su ingreso frustrado a la Escuela Normal de Preceptoras de La Serena, debido -según José Santos González Vera (1897-1970)– a la resistencia que despertaron algunos poemas suyos en el capellán de la Escuela, Manuel Ignacio Munizaga, que los calificó como “algo socialistas y un tanto paganos” (Gonzalez Vera, José Santos. “Gabriela Mistral”. Algunos. Santiago de Chile: Nascimento, 1967, p. 166).
A partir de entonces empezó a trabajar en distintas escuelas en las ciudades de Traiguén, Punta Arenas, Antofagasta y Temuco. En esta última ciudad conoció en su juventud a Pablo Neruda (1904-1973), a quien “embarcó en esa seria y terrible visión de los novelistas rusos” (Neruda, Pablo, citado en Gorrochotegui, Alfredo. “El educador en Gabriela Mistral”. Una aproximación a su vida e ideas como maestra”. Revista de la Escuela De Ciencias De La Educación. Año 17. Volumen 1. Número 16, enero-junio 2021, p. 43-45).
Los progresos en la profesión docente corrieron paralelos al desarrollo de su producción poética. La prensa regional de La Serena, Ovalle y Vicuña difundió sus primeros escritos, especialmente los periódicos El Coquimbo y La Voz de Elqui. En 1908 sus trabajos fueron objeto de un primer estudio por parte de Luis Carlos Soto Ayala (1885-1955), quien recopiló en el volumen Literatura coquimbana algunas prosas como: “Ensoñaciones”, “Junto al Mar” y “Carta íntima”. Durante su residencia en Coquimbito, Los Andes, compuso los famosos “Sonetos de la Muerte”, conjunto por el que obtuvo en septiembre de 1914 la más alta distinción en los Juegos Florales de ese año (Decap, Carlos. “La poesía temprana de Mistral”. En Mistral, Gabriela. Obra reunida. Tomo IV. Poesía. Santiago de Chile: Ediciones Biblioteca Nacional, 2020, p. 22-23).
En junio de 1922 viajó a México invitada por el Ministro de Educación mexicano, José Vasconcelos (1882-1959), con el fin de colaborar en la reforma educacional y la creación de bibliotecas populares en ese país (Valenzuela, Álvaro. “Gabriela Mistral y la reforma educacional de José Vasconcelos”. Reencuentro. Número 34, septiembre, 2002, p. 14). Ese año fue publicado en Nueva York, Estados Unidos, su primer libro, Desolación, bajo el alero del Instituto de Las Españas, que era dirigido por el crítico literario español Federico de Onís (1885-1966).
La publicación de Desolación le dio a Mistral reconocimiento y prestigio internacional, por lo que pasó a ser considerada como una de las mayores promesas de la literatura latinoamericana. También marcó el inicio de una serie de publicaciones en tierras extranjeras: en México publicó Lecturas para Mujeres en 1924 y, en España, la primera versión de su libro Ternura.
Durante la década de 1930, dictó numerosas conferencias y clases en Estados Unidos, América Central y Europa. En 1932 inició su carrera consular en Italia, cargo que no ejerció debido al giro totalitario del país, encabezado por el Partido Nacional Fascista de Benito Mussolini (1883-1945). En palabras de Julio Saavedra Molina respecto de sus labores consulares, “primero fue designada para Nápoles, donde en definitiva no ejerció sus funciones por no consentirlo las leyes fascistas. Pasó entonces a Madrid, donde mantuvo un consulado honorario con su propio bolsillo, y sufrió algún mal rato, como consecuencia de unas opiniones vertidas privadamente en carta a un amigo de Santiago. Fue ascendida veintisiete meses después a cónsul de segunda clase en Lisboa” (Saavedra, p. 33-34).
Hacia 1938, en su camino de retorno a Chile, publicó en Buenos Aires, Argentina, su libro Tala, por intermedio de la Editorial Sur, dirigida por la escritora Victoria Ocampo (1890-1979). Posteriormente regresó a Estados Unidos con el respaldo de la Unión Panamericana.
A finales de la década de 1930, círculos literarios de distintos países comenzaron a promover a Gabriela Mistral para el Premio Nobel de Literatura. Pedro Aguirre Cerda (1879-1941), con quien tuvo una estrecha relación de amistad, y la escritora ecuatoriana Adelaida Velasco Galdós (1894-1967) mostraron interés en respaldar su candidatura promoviendo la traducción de sus obras.
En el ámbito de su intimidad, dimensión que influyó en gran parte de la recepción de su trabajo literario, Gabriela Mistral pasó por circunstancias complejas. En 1942, mientras residía en la ciudad de Petrópolis, Brasil, en donde cumplía labores diplomáticas en el consulado chileno, vivió el suicidio de dos de sus amigos, Stefan Zweig (1881-1942) y su esposa Lotte Altmann (1908-1942), ambos judíos que habían huido de la persecución nazi. Un año más tarde, en 1943, Juan Miguel Godoy Mendoza, Yin-Yin (1925-1943), conocido como su sobrino, también decidió quitarse la vida, a los 18 años. Convertida en una figura pública, las circunstancias de su vida, así como sus relaciones amistosas y personales despertaron mucha curiosidad, particularmente en lo concerniente al vínculo con Laura Rodig (1901-1972) y Doris Dana (1920-2006).
El 10 de diciembre de 1945, recibió el galardón por el Premio Nobel de Literatura de manos del Rey Gustavo V de Suecia. Años después de este reconocimiento de carácter mundial, en 1951, se le otorgó en Chile el Premio Nacional de Literatura. Con posterioridad, en 1954, Mistral publicó Lagar, que corresponde al único libro de toda su producción en vida cuya primera edición vio la luz en Chile antes que en el extranjero. Algunas excepciones, en este sentido, las marcaron la publicación en 1923 de la edición chilena de Desolación por intermedio de editorial Nascimento y, en 1950, la publicación de Poemas de las madres, con dibujos de André Racz (1916-1994), por medio de la Editorial del Pacífico, y Pequeña antología, libro que contó con la reproducción de un retrato de autoría de Carlos Dorlhiac Sabourin (1880-1973) y fue impreso por alumnos de la Escuela Nacional de Artes Gráficas bajo la supervisión de los profesores Mauricio Amster (1907-1980), Lorenzo Ávalos, Eleazar Sepúlveda y Juan Soberano.
El 10 de enero de 1957, Gabriela Mistral falleció en el Hospital de Hempstead, en Nueva York, debido a complicaciones derivadas de un cáncer al páncreas. Tras su muerte, aparecieron libros que reunieron prosas, rondas, cantos, oraciones y poemas inéditos, como Motivos de San Francisco (1965), Poema de Chile (1967) y Lagar II (1991), así como un conjunto amplio de estudios sobre su obra realizados por escritores como Gastón von dem Bussche (1930-2007), Roque Esteban Scarpa (1914-1995), Rodolfo Oroz Scheibe (1895-1997), Luis Oyarzún Peña (1920-1972) o Jaime Quezada (1942-). Asimismo, se publicaron ediciones en homenaje a la obra de Mistral, entre las que destacaron el número 106, de junio de 1957, de Anales de la Universidad de Chile y el número 23-27 de la revista Orfeo, publicado en 1967 a 10 años de su muerte.
Fuente: https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-3429.html


