Remontar aquel río era como volver a los inicios de la creación, cuando la vegetación estalló sobre la faz de la Tierra y los árboles se convirtieron en reyes. Una corriente vacía, un gran silencio, una selva impenetrable. El aire era caliente, denso, pesado, embriagador. No había ninguna alegría en el resplandor del sol. (…)
La contundencia de una prosa absorbente y magnética nos traslada a un ambiente hostil, a una selva densa e impenetrable, a una historia desgarradora y profunda, donde se despliega una oscura alegoría sobre la condición humana.





